¿Existe la comunicación entre plantas?

Los secretos en la comunicación entre las plantas

Lo cierto es que de alguna manera, muy diferente a la humana, SÍ existe una comunicación entre las plantas.

¿No te lo crees? No es magia y no lo digo yo.

Suzanne Simard es una ingeniera forestal de la Universidad de la Columbia Británica, en Canadá, que ha hallado pruebas irrefutables de este «diálogo» entre plantas.

Hoy sabemos, por sus experimentos, que las plantas, y más concretamente en su estudio, el bosque se comporta como un organismo interconectado mediante una red bajo el suelo. Las raíces de los árboles se entrelazan con los micelios, que son los filamentos subterráneos de los hongos. Así forman grandes redes de información que intercambian agua y nutrientes, y además, se mandan mensajes de ánimo o peligro.

No podemos entender este sistema como si fuera internet o una especie de teléfono. Es una red viva que interconecta, donde la colaboración entre ellos es lo primero.

¿Cómo se dio cuenta de esa conexión?

Ella, que trabajaba en la industria maderera, se dio cuenta de que las plantaciones carecían de vida, ya que crecían más despacio y con menos vigor que sus congéneres salvajes.

Como idea, se le ocurrió que la solución podría estar en el suelo, y más concretamente en los hongos que se asocian a las raíces. Para comprobarlo, hizo un experimento en el que estudió dos especies de árboles que solían crecer juntas en los bosques. Inyectó isótopos de carbono (13C y 14C) en las hojas de los abedules y comprobó que, en primavera, esas moléculas llegaban a los abetos. Sin embargo, en inverno era diferente: eran los abetos quienes pasaban los isótopos a los abedules, que son de hoja caduca. Así se supo que los árboles se comunican, y llegan a pasarse nutrientes para ayudarse, aunque no sean de la misma especie.


Hay que decir que estos micelios pueden medir varios metros de largo y conectar varios árboles entre sí. Los hongos colonizan las raíces y obtienen compuestos que la planta produce. A cambio, el hongo actúa como una extensión de la raíz: capta agua y minerales que transfiere a la planta.


Para entender cómo funcionaban las vías de ese intercambio, aisló la parte exterior de varios ejemplares de abedules pequeños en bolsas de plástico. También aisló con plástico las raíces, pero en algunos casos, este plástico era poroso y permitía el paso de los micelios y la conexión con las raíces. De este modo, comprobaron que los plantones en que los filamentos de los hongos podían cruzar la barrera intercambiaban sustancias y crecían más fuertes que los otros plantones aislados. Y también que los arbolitos más vigorosos y de mayor edad aportaban nutrientes a las plantas más pequeñas y jóvenes.

No solo comparten nutrientes, también señales que advierten de peligros

En 2010, en una investigación de la Universidad del Sur de China, el biólogo Ren Sen plantó parejas de tomates en macetas. Algunas de ellas podían formar micorrizas (hongo asociado a la raíz) y otras no. Inoculó en las hojas el hongo de Alternaria de uno de los ejemplares de cada maceta. Después de 65 horas, intentó infectar a la segunda planta de cada pareja, y vio que las que habían establecido redes de micorrizas para comunicarse con su compañera infectada eran mucho más resistentes al agente patógeno y enfermaban menos. Lo que prueba que, de algún modo, hay comunicación entre plantas.

Pero volvamos a Simard, la ingeniera forestal. En otro estudio, analizó un bosque atacado por el escarabajo del pino de la montaña. Comprobó que los árboles moribundos les pasaban el legado a las nuevas generaciones, con información sobre cómo defenderse contra plagas, haciendo que los nuevos pinos crecieran más fuertes. ¿A qué conclusión llegó nuestra Suzanne Simard? Pues que la forma en que gestionamos los bosques tiene que cambiar. Tenemos que ser más cuidadosos y dejar de cortar los árboles enfermos lo antes posible, porque de este modo, impedimos que pasen su sabiduría al resto del bosque.

Lo que queda claro con sus experimentos es que los micelios de los hongos del suelo son bastante grandes, algunos llegan a medir 20 metros y, un solo árbol puede estar conectado a una cuarentena de sus congéneres. Al mismo tiempo, descubrieron que los árboles más longevos y grandes eran importantes en un bosque, ya que alimentan a los árboles de alrededor mientras estos están creciendo a través de las micorrizas.

¿Cuáles son las enseñanzas que podemos extraer de estos novedosos experimentos?

Lo primero es que no sabemos nada o muy poco de la comunicación entre plantas, la vida natural de las plantas, de sus interacciones. Y podría decirse que estamos en pañales.

Lo segundo y no por ello menos importante es que las plantas, y no solo en la foresta, forman comunidad, en la que hay un lenguaje oculto que hace que se comporten como un ente superconectado. Se ayudan y se previenen de plagas y enfermedades.

Y para concluir, que todo lo descubierto se puede aplicar a nuestros cultivos, ya que una comunidad bien interconectada y nutrida es la base para una buena salud y rendimiento de las plantas.

Os dejo el video de Youtube donde Suzanne Simard explica más extendido todo lo que yo os he contado.

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